29 de noviembre de 2009

 

ABRAMOS LOS OJOS

 

Queridos amigos y hermanos: Paz

Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas… Sin duda habrá señales de la llegada del Señor, de la llegada del Salvador que necesitan nuestras pobres vidas, la tuya y la mía. Sin duda, habrá señales. Lo autenticamente importante para tí y para mí y para todos, es que tengamos los ojos lo suficientemente abiertos para que podamos percibir esas señales de que Dios sigue –perdóname la expresión– “paseando” por nuestra historia, nuestro barrio, nuestra parroquia…

Parece evidente –me parece a mí y a ti ¿a que sí?– que los consejos del Evangelio ante el gran acontecimiento son los únicamente necesarios: Hay que estar en pie, hay que levantar la cabeza, hay que estar atentos, hay que permanecer despiertos, hay que rezar.

En realidad se nos está invitando a “estar vigilantes”, se nos está invitando a abrir los ojos, a no dormirnos, a actuar, a vivir en pie. Se nos está invitando a no estar simplemente esperando sin dar ni golpe, se nos está invitando a no ser tan “blandos”, a no estar –como tantas y tantas veces– “amodorrados”…

Se trata de esperar intentando con nuestro esfuerzo hacer posible la llegada de lo esperado, se trata de sentirse responsable y de caminar decididamente. Que no pase esta oportunidad para hacer nuestro compromiso:

 

¡QUE ABRAMOS NUESTROS OJOS A LAS NECESIDADES DE LA PARROQUIA!