22 de noviembre de 2009

 

ANTE EL ADVIENTO 2009

 

Queridos amigos y hermanos: Paz, paz

Permíteme, por favor que te comente que el tiempo litúrgico en el que nos adentramos, me parece, a mí personalmente, un tiempo muy agradable. Un tiempo en el que, después de un largo periodo de tiempo ordinario, se nos invita a encontrarnos con la novedad de comenzar algo diferente y experimentar la fuerza que esta novedad nos aporta. Se nos está invitando a vivir de forma muy cercana a toda realidad humana a la vida del cada día. Es una invitación a vivir nuestra realidad, la tuya y la mía, de una manera atenta, intensa… Y es que Dios viene a nuestra historia, la tuya y la mía, y se implica en ella y pone en ella sus deseos, sus objetivos que no son otros que luz para todos, amor para todos, vida para todos, felicidad para todos.

Os invito a todos, queridos amigos y hermanos a saborear este Adviento, a impregnar el alma en él, a que:

Abramos la ventana de los ojos,

la ventana de los oídos,

la ventana de las manos,

la ventana del corazón.

Haremos referencia cada uno de los domingos a una de estas ventanas, a su apertura. Tenemos que dejarnos cambiar por la palabra, porque cuando el mundo no comparte el gozo, nuestro gozo, por el nacimiento de Jesús, el Cristo, el Salvador, ello está suponiendo una acusación a nuestra propia identidad de cristianos y a nuestro compromiso de vivir la Palabra de Dios.

 

¡QUE ABRAMOS NUESTRA VIDA A LA PALABRA!