Comenzamos el nuevo año con un testimonio de una mujer valiente, que ha sabido superar pruebas especialmente duras en su vida. Como ella hay muchas más ejemplos de hombres y mujeres, que iremos descubriendo en los próximos meses.

UNA VIDA PROFESIONAL TRUNCADA

   María de Villota sufrió, en julio del año 2012, un grave accidente a los mandos de un fórmula-1 como piloto de pruebas. Salvó la vida, pero perdió el ojo derecho y quedó marcada por seis placas de titanio y más de un centenar de cicatrices en su cabeza. Su vida profesional quedó definitivamente truncada, pero no perdió la fe y la esperanza.

Primera reaparición tras la operación

La fuerza Dios

   En este duro proceso de recuperación ha experimentado una fuerza sobrenatural que le acompañaba y le sostenía. “Cuando paseo por la calle la gente me dice que ha rezado mucho por mí. Se lo agradezco. Cuando volví un primo mío falleció y yo no. Dios ha jugado un papel muy importante en mi recuperación”, afirmaba María de Villota.

   Su hermana Isabel estaba presente cuando María chocó contra el camión y meses después explicó en la revista Hola cómo hubo una mano divina en todo este suceso. Ella llegó la primera al lugar del accidente: “intenté sacar el coche de debajo, empecé a gritar, hasta que vinieron todos los mecánicos. A mí me separaron del coche y ya no me dejaron volver a donde estaba María”.

   Isabel recuerda que “no paraba de preguntar: ¿está muerta?, ¿está muerta?, y ellos me decían: “no lo sabemos”. Entonces fue cuando me tiré al suelo de la pista, me puse a rezar como una condenada y, al cabo de los angustiosos minutos que pasó inconsciente, alguien dijo: ‘se está moviendo’. Y yo pensé: ‘gracias Dios mío’.

Una señal de Dios

   La hermana de la piloto considera que no estaba con ella en esas pruebas en Reino Unido por casualidad. “Fue como una señal de Dios, porque sentí que tenía que ir”. María lo ve así también: “estoy segura de que, desde el momento que llegó al coche, la oración, las decisiones que tuvo que tomar en el hospital, todo lo hizo con tanta eficacia…”.

Un cambio espiritual: disfrutar de las cosas pequeñas

   María ha experimentado un cambio importante en su interior y no sólo físico debido al accidente en todos estos meses. En una entrevista en Car&Driver confiesa que “te das cuenta de que ves más que antes. Yo antes sólo veía la Fórmula 1, sólo me veía encima de un coche compitiendo y no veía lo que realmente era importante en mi vida”. Por ello, recuerda que “no tengo un ojo, no tengo olfato, pero tengo por delante otro ojo y el tacto”

   »De hecho, hay una frase que define a la perfección cómo ha afrontado María este trauma: “mi aspecto de ahora dice mucho más de quien es María de Villota que el aspecto anterior. Llevo mi historia y la llevo con muchísimo cariño y orgullo”.

   “He coincidido con gente que lo ha pasado muy mal. Al final hay que disfrutar de lo que tienes porque no hay más. Disfrutar de las cosas pequeñas. Esa pizca de humor es necesaria para seguir adelante. Voy a dar toda esa energía”

La vida es para llenarla de color

   Desde marzo de 2013 era una de las encargadas de la Categoría de Monoplazas de la Comisión de Pilotos de la Federación Automovilística Internacional (FIA). El pasado mes de julio se casó en Cantabria con Rodrigo García Millán. La vida parecía que le sonreía otra vez. Era tan solo un espejismo.

   Unos meses más tarde, el día 11 de octubre pasado, falleció en Sevilla por causas naturales, relacionadas con ese grave accidente. Tenía 33 años. Nos ha dejado un testimonio escrito de su lucha por la vida, La vida es un regalo, que no pudo presentar en Madrid tal como era su deseo. Esta muerte tan repentina le impidió también participar en Sevilla, donde falleció, en el sexto congreso ´Lo Que De Verdad Importa’

EL CIELO, ÚLTIMA PARADA

   La familia, muy ligada al mundo del motor -su padre es el piloto de Fórmula 1 Emilio de Villota- ha publicado un mensaje de agradecimiento en Facebook:

   «Queridos amigos: María se nos ha ido. Tenía que ir al cielo como todos los ángeles. Damos gracias a Dios por el año y medio de más que la dejó entre nosotros. Fdo. Familia Villota. Descansa en paz, María, y reza por nosotros allá en el Cielo.»